Diseñar por concurso. El espejismo detrás del rediseño de la imagen institucional de CDMX

 

En su momento cuestionamos ¿qué sentido tiene cambiar la identidad institucional del gobierno  de la CDMX, y más aún someterlo a “concurso”? ¿No se supone que la actividad del diseño debe responder a una necesidad específica de comunicación, desarrollada a través de un proceso?.

Hoy el tema de diseño está en voz de la opinión pública de la Ciudad de México, sin lugar a duda celebramos esto, porque el diseño es una parte fundamental de la actividad social, cultural y económica de una región; desgraciadamente, la discusión tiene un origen político, y como ocurre frecuentemente cuando pasa por ese filtro, queda sucumbido bajo ciertas anomalías y prácticas cuestionables.

Como segundo punto está el mecanismo de esta convocatoria pública, y que nos perdonen todos los participantes, pero un cambio de branding, no sólo es a nivel gráfico, se requiere todo un estudio de necesidades, contexto e impacto, además del simple aporte creativo, lo cual en un auténtico proceso de desarrollo de marca es su etapa final.

Por otra parte, existe poca claridad en los criterios de selección y análisis de las propuestas, e incluso pareciera que se pretende usar esta convocatoria para validar y resolver sus decisiones con el aplausométro del clamor popular.

Los resultados de estas iniciativas innecesarias, y la falta de mecanismos para consolidarlas, han empezado a saltar, muestra de ello es que dos de las propuestas finalistas son evidentes plagios. Cabe aclarar que no se cuestiona el aporte o el trabajo de los participantes, ya que mucho o poco,  dedicaron tiempo y entusiasmo. Lo que se cuestiona, insistimos, es la intencionalidad de dicha convocatoria.

 

Logos CDMX 2018
Logos CDMX 2018

 

Por principio de cuentas fue una convocatoria abierta a todo tipo de participantes, profesionales del diseño o no. Entendemos que la actividad del diseño como parte de su proceso lleva una capa creativa e interpretativa, sin embargo sería idóneo que al menos las instituciones gubernamentales consideren el diseño como una profesión que requiere cierta formación, de lo contrario las universidades que imparten las carreras de Diseño y Comunicación Gráfica no tienen ninguna razón de ser. Esto último puede entrar a discusión pero la lectura de este tipo de concursos nos dice que cualquiera podría diseñar “el nuevo logo la CDMX” tan sólo con tener una buena idea y algo de pericia técnica.

Ahora bien, además de la forma habría que cuestionar el contenido, ¿cuál es la necesidad real de un “cambio” de imagen de una marca que lleva más o menos posicionándose hace algunos años? (recordemos que la pasada administración ya invirtió cerca de 400 millones de pesos en crear y promover la marca de la CDMX). Por cómo se han desarrollado los acontecimientos, pareciera que el interés se centra principalmente en enterrar lo realizado anteriormente sin tomar en consideración los procesos de continuidad y reforzamiento, simplemente por el hecho de empezar de cero y sin tomar en cuenta que el posicionamiento, los usos y promoción de una marca llevan tiempo y recursos para ser realmente efectivos.

Y es que si hay algo que en México ha costado constituir, es sin lugar a dudas, la conformación de una identidad gráfica sólida. La historia de esta nación nos da muestra de ello desde que los criollos solicitan al rey de España un escudo de armas durante la colonia, hasta la misma controversia en su momento de la marca CDMX, pasando por el independentista estandarte de la virgen de Guadalupe, el escudo imperialista, la bandera del ejercito trigarante o el águila porfiriana, por mencionar algunas.

Por esta causa, toma mayor interés el tema de la identidad de marca en una entidad tan importante como la Ciudad de México, como vanguardia cultural y social del país.

Así que vale la pena detenerse un momento y cuestionar las razones que llevan a un gobierno a convocar este tipo de concursos públicos que veladamente buscan obtener notoriedad, ofrecer una falsa imagen democrática, invertir pocos recursos a costa del trabajo de los participantes y sobre todo legitimarse así mismo denostando el trabajo de administraciones previas.

No debemos dejarnos engañar por este espejismo. La ciudad necesita fortalecer su identidad de marca y para lograrlo esperamos que algún día los gobiernos entiendan la importancia de la identidad gráfica como elemento de construcción y cohesión identitaria por encima de los usos políticos y maniqueos. Los profesionales del diseño y nuestra actividad merece el respeto y la importancia como parte fundamental del entramado cultural, social y económico de la Ciudad de México.

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